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Que no te digan que no puedes: Contra la cultura del conformismo.

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Ningún sueño llega sin sacrificios.

Con 16 años me tatué una cruz. No, no por mi religión, sino por su simbología. Hay que sacrificarse.
Con 17 me tatué una cruz entre dos alas. Esta vez, simbolizaba que para alcanzar la libertad, para volar, había que sacrificarse. Para mí, mis alas, era ser médico. Y eso, eran muchas crucifixiones. Pero tengo mis alas.

Ningún sueño. Ninguna vocación. Ninguna revolución. Se consigue sin sangre. Sin horas de quitarle a otras cosas. Sin recortar horas de sueño. De comer en diez minutos. De no salir de tardeo cada jueves.

Quién te diga que l@s geni@a, que l@s revolucionari@s lo consiguieron sin esforzarse, sin sangrar las uñas contra la pluma, de generar callos en los pulpejos por las horas al instrumento, sin recibir hostias represivas… O no tiene ni idea o te miente.

Quién te diga que Mozart fue un niño prodigio, se olvida de que una cosa fue su aptitud y otra las horas y horas que su padre lo sentó al piano desde niño. Quién te diga que Picasso tenía un don, olvida que su mayor don se resume en esta frase: “Cuando llegue la inspiración, que me encuentre trabajando”. Gabriel García Márquez, se encerró en un cuarto y pidió que le llevasen un plato de comida caliente al día, mientras estuvo un año escribiendo su obra maestra.

No, no te equivoques: La vocación se lleva en la sangre no es un eufemismo.

Quédate con quien lo comprenda. Con quien se acerque a tu mesa de trabajo y te de un beso en el pelo y deje un plato de comida sin hacer ruido. Quédate con quién te de ánimos, aunque le duela verte romperte una costilla compitiendo un torneo de artes marciales. Quédate con quién te diga: “Te admiro por tu fortaleza” cuando las ojeras por dormir poco sean tu maquillaje contínuo. Quédate con quien te diga: “Brillas.” cuando tu sonrisa por haber dominado un movimiento de baile sobre las puntas sea mayor que todas las uñas rotas de tus pies.

No escuches las palabras dóciles que canten con azúcar en tus oídos que muchos otros fallaron antes. No dejes que asienten en tus tobillos las cadenas de la rendición. Si algún día, decides enterrar tu espada, que sea porque en batalla te cortaron las manos, no porque alguien te dijo, que no podías empuñar tus armas.

Quien te quiere aguantará el dolor de verte sufrir. Quien te quiere soportará tus noches de insomnio, tus pruebas de canto, tus casting, tus días de lluvia y tus noches de trabajo… Por ese momento breve de supernova en tu rostro cuando consigues terminar al piano esa partitura que se te resistía. Cuando por fin, pones el punto final a tu novela, o tu voz resiste sin vibrar esa tercera escala.

Quien te quiere no te va a comprar unas pantunflas porque las puntas te hacen daño. Quien te quiere te está esperando después de cada ensayo para ayudarte a limpiar la sangre y vendarte los dedos.

Sabe, que mañana, vas a volver a luchar.

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